Esta tarde de finales de Octubre, mientras un cigarro se consumía en la parte trasera de su coche me he dado cuenta de que este verano ha sido único.
He tomado decisiones que nunca creí que lo hiciese, en ese momento me pareció lo correcto, en días de frió le echaba de menos a mi lado pero me he dado cuenta de que no echaba de menos a el, echaba de menos unos brazos que me diesen calor y un susurro al odio que me dijese que nada malo iba a pasar.
He conocido un poco mas, si es posible, a las Five. He vivido con ellas momentos inolvidables, días de playa y sol, días de piscina, escapadas para amanecer juntas, borracheras innumerables, discusiones varias que como siempre hemos arreglado, noches a la luz de una farola, pero la verdad no necesitábamos nada mas, cenas en las cuales improvisábamos cualquier plato con lo que hubiese en el frigorífico de alguna casa. Cada una va un instituto y no pasamos tanto tiempo juntas, pero se que si necesito algo ella me van ha ayudar y por supuesto igual que yo a ellas.
No me puedo olvidar de mis marujas, el nombre lo dice todo. Todo empezó una noche sentadas en un banco del Palacio de la Moda, cotilleando sobre lo que había ocurrido en el pueblo, y así durante varias noches hasta que por vagancia (si somos unas vagas), empezamos a quedar en mi peña. Nos podíamos estar contando cosas sin sentido durante toda la noche, reírnos hasta que nos dolía la tripa, estar en una misma sala y estar hablando por whatapps para que los demás no se enteran del cotilleo y que nos mirasen con caras extrañas porque nos reíamos sin sentido alguno. Los sábados en el Rosu, como olvidar esos maravillosos sábados cuando salias del Rosu, era de día y aun nos quedaban unas horas haciendo el bobo en cualquier peña abierta a las 8 de la mañana. Esas tardes de piscineo donde un paquete de tabaco se nos quedaba corto, las partidas al tute y al parchís eran como comer, no podían faltar.
Como olvidar esa noche, donde empezó todo. Maldita el momento en el que decide de quedarme hablando con una maruja en la esquina de Caja España y paso su coche, gris, con la música a tope, nos vimos, freno y nos dijeron: "venís a dar una vuelta" Nosotras aceptamos porque no pensábamos que llegaríamos a las 4 de la mañana a casa. Acabamos en un banco del polígono, los cuatros sentados fumando cada uno nuestro cigarro. Empezaba a hacer frió así que acabamos en el coche, ellos dos adelante nosotras dos atrás, contando marujeos, aunque ellos no contaban nada. Los días siguientes fueron iguales, aunque ya quedábamos con ellos para irnos a dar una vuelta, podíamos acabar en el polígono, en el cementerio, en el monte, en la peña o en cualquier sitio, pero siempre los 4 juntos. Llego un momento en el que me sabia el orden de las canciones, el sonido del motor e incluso me encanta el olor de aquel ambientador.
Esos días fueron únicos, creo que en ese momento le empecé a querer, cuando le empecé a conocer, a darme cuenta de que no era igual a los demás, que tenía las cosas claras, que sabía lo que quería, que podías hablar con el de cualquier cosa, que si estábamos de bromas el era el primero en reírse pero si se trataba algún tema serio el también se ponía serio. Me gustaba ir en el asiento trasero de su Dacia Logan y verle de perfil, afeitado o con barbita, con gafas o sin ellas, me encantaba mirar por el espejo retrovisor y verle sonreír porque le encana conducir o con su cara de sueño porque eran las 4 de la mañana y le había tocado madrugar. Que fuesen las 9 de la noche cuando iba a cerrar la piscina y que quedásemos los de siempre haciendo el tonto y le liáramos para que nos llevara al mcauto a por un mcflurry, que se pusiera nervioso al pedir y que nos dijera la típica "me debéis un peter pan".
Y ahora, en pleno Octubre, mientras se escucha caer el agua, me acuerdo como si fuese ayer y pagaría lo que fuese por repetir cada uno de los momentos de este verano. Porque puede que no haya sido el mejor pero ha sido único, gracias a ellas y a el.
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