Otra noche de invierno. Otra noche hablando con la misma gente. Otra noche mirando hacia los árboles que se ven desde mi ventana, con un lucky en la mano, los cascos puestos y la música con el volumen más alto. Otra noche que me vuelvo a sentir sola, con una vacío en mi cavidad toráfica.
Y vuelta a la cama, el único sitio donde me siento yo misma. En mi cama, debajo de todas las mantas, donde nadie puede verme llorar, donde los gritos quedan atrapados por mi almohada, la que recoge todas mis lágrimas.
Vuelve a sonar esa maldita canción. ¿Porque no la he borrado aun de la lista de reproducción? Creo que es porque me hace recordar que después la tormenta llega la calma, durante tiempo, pero después hay más tormentas. Y si la primera solo te había mojado la piel, las que vienen después te calaran hasta los huesos. Y a veces ni el sol más abrasador de Agosto que viene después, puede secarte y llevarse con el todo el frio que te dejo la tormenta.
Desde el lado seco de mi almohada, sin lágrimas que derramar y sin gritos que poder dar, me dejo llevar por la dulce melodía de esa canción.
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